Los hijos de Las Láminas

Un nuevo asentamiento que se formó en Bella Unión recibió el mismo día la orden de desalojo y la instalación de la luz; las autoridades buscan una solución

Al atravesar la ciudad de Bella Unión, en Artigas, los últimos kilómetros de la ruta 3 dividen el paisaje de casas en dos: de un lado las que tienen piso, baño, cocina y fachada colorida; del otro, las que no. En un margen está el barrio Las Láminas, bastión norteño del progresismo social del Frente Amplio con un pasado marcado por la desnutrición y la miseria. Del otro, la parte más visible de un asentamiento nuevo que no tiene nombre, donde fueron a vivir muchos de los jóvenes que crecieron en Las Láminas y que se independizaron, así como vecinos de barrios cercanos. El municipio estima que ya son unas 150 familias, pero ellos dicen llegar a las 200. La mayoría son niños.

El asentamiento está rodeado. Además de Las Láminas, cerca hay viviendas que se construyeron por Mevir, del Plan Juntos y en este momento se está encaminando el realojo para quienes viven en zonas inundables. Todo eso sirve de ancla para las esperanzas de los vecinos que están ocupando, porque si los otros pudieron, ellos también. Pero para las autoridades eso no está tan claro. Los restos de vías de tren que pasan por esa tierra y que se ven cada tanto son por ahora óxido y desecho, pero dan evidencia de que AFE tiene la propiedad del terreno. Algún día, dicen, darán lugar a nuevos trenes.

Desalojo con recibo de luz

El miércoles de la semana pasada llegaban al asentamiento dos noticias. Una, la buena, era que UTE finalmente les iba a instalar la luz. La mala era que la Justicia planeaba el desalojo definitivo para el 19 de octubre.

Las funcionarias judiciales que entregaban los cedulones se sorprendían ante la actitud con la que algunas vecinas se tomaban la noticia: “¿Y para mí no tienen?”, pedían algunas en tono de broma. Lo que no sabían estas funcionarias era que las mujeres les llevaban ventaja. Ya sabían del desalojo, que se había notificado el día anterior a los de más adentro. Horas antes de la entrega del documento, los vecinos se habían organizado y se reunieron con el alcalde frenteamplista, Luis Carlos López, y el intendente blanco, Pablo Caram, para hablar del asunto.

Ni los vecinos ni el intendente entienden por qué se instala la luz en un terreno ocupado que tiene fecha de desalojo. La coordinadora del Programa de Mejoramiento de Barrios del Ministerio de Vivienda, Cecilia Cairo, dijo que no hay que mirarlo con ojos administrativos, sino humanitarios. Es preferible tener una conexión básica pero correcta a lamentar la tragedia que puede provocar un cortocircuito en una instalación casera.

Alexis Moreira tiene cinco llaves de luz y se jacta de ello. Dice que las instaló él mismo y que tuvo mucho cuidado, bien sabe que un error de cálculo le puede incendiar “el chalé”. Es transportista de caña de azúcar y vicepresidente de la organización de vecinos que negocia con las autoridades. “Estas reuniones se tendrían que haber hecho tres años atrás, cuando nosotros las pedimos. Ahora es complicado”, dice, y aclara que no quieren apropiarse de los terrenos sin dar nada a cambio, sino que están dispuestos a trabajar por ellos, pero con un plan de pago acorde a su realidad.

Esa no es una opción para el Estado, dado que tierra sin servicios no es plan de viviendas. Cairo enumera la cantidad de programas que hay disponibles para buscar una solución y señala que la orden de desalojo fue un paso previo para comenzar las negociaciones, pero que es probable que no se llegue a desalojar para la fecha establecida.

Este mes se organizarán reuniones entre AFE, la Intendencia de Artigas, el Ministerio de Desarrollo Social y los vecinos. Lo que es seguro, dice el intendente Caram, es que AFE no tiene dinero para un terreno donde realojarlos, una opción que los vecinos manejaban luego de algunas instancias de diálogo con el ente.

“La intervención del Estado en una regularización genera varias cosas: la venta o la ocupación de uno cercano”, indica Cairo, y señala que era el gobierno departamental el que tenía la responsabilidad de evitar la ocupación. Tanto el intendente como el alcalde argumentan que no tienen una cartera de tierras para repartir y hacen énfasis en todo el esfuerzo que se ha puesto en solucionar el problema habitacional.

Las raíces del problema están en los orígenes de Bella Unión y su relación de dependencia con la caña de azúcar. La mayoría de quienes trabajan allí son cortadores de caña, históricamente llamados peludos, y viven de una zafra que dura pocos meses –seis, como mucho–. Con la plata de esos meses es que tienen que vivir todo el año. El problema de la caña en los últimos años explica también el gran crecimiento de ese asentamiento, que agrupó a unas 600 personas en solo tres o cuatro años.

A 15 años de que Las Láminas se volviera noticia por la pobreza de sus habitantes, las láminas de madera cambiaron de lado de la ruta. El desecho de los troncos que le dieron nombre a aquel barrio sobrevive ahora en algunos de los ranchos del asentamiento que llaman “de AFE”, mientras que otros van creciendo de a poco y con el trabajo de los vecinos se convierten en casas.

Cuanto más tiempo pase, más difícil será concretar un realojo y convencer a los vecinos de abandonar los hogares que construyeron para instalarse en otro lugar.

NOTA PUBLICADA POR EL OBSEWRVADOR

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