EL SABADO PUEDE SER HISTORICO

Un partido muy similar al del debut en Maldonado de aquel 15 de enero cuando Uruguay recién logró ganarlo en una de las últimas jugadas.

En el primer tiempo, pese a saber que ambos ya estaban clasificados al Mundial de Nueva Zelanda, se estudiaron demasiado y prácticamente, no se generaron situaciones de gol. La Celeste intentó tomar el protagonismo del juego, pero estuvo muy impreciso a la hora de pasar pelota. El equipo pisaba el área rival gracias a las individualidades que tiene de mitad de cancha hacia adelante, pero lejos estuvo del nivel mostrado en otros partidos. Estuvo bien parado, siguió siendo ese equipo que te come los talones y que gana cada pelota dividida, pero le faltó ese vértigo e intensidad que llevaron a la Celeste a ser una de las mejores selecciones del Sudamericano.
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Sufrió mucho la falta de explosión de sus carrileros. Facundo Castro y Rodrigo Amaral pudieron subir menos que en los últimos encuentros. Inteligentemente, la selección cafetera se encargó de “tapar” los costados de la cancha para anular uno de los fuertes del equipo de Fabián Coito. Asimismo, cada vez que Gastón Pereiro tomaba contacto con la pelota, se encontraba rodeado de dos o tres rivales.

Lo mejor del local estuvo en los pies de Mauro Arambarri y en el propio Amaral. El volante, una vez más, fue el jugador más claro de Uruguay y por él pasaron las situaciones más importantes. Marcó, corrió y abrió espacios para el resto de sus compañeros. En tanto, Rodrigo se llevó los aplausos en varias ocasiones producto de las ganas y algunos lujos que hicieron ilusionar al público con algún grito de gol que finalmente nunca llegó.

En el complemento, Uruguay adelantó sus líneas y se pareció más al equipo que ha venido consiguiendo buenos resultados en el torneo. El arquero Álvaro Montero se comenzó a transformar en figura de una Colombia que parecía conformarse con el empate y ver, si en algún contragolpe, podía agarrar a Uruguay mal posicionado.

Colombia no puso en aprietos a la Celeste aunque pudo incomodarlo en algunos momentos haciendo mayor hincapié en anular sus virtudes. Gastón Guruceaga tuvo una sola llegada, que respondió de manera notable y valió el empate, pero fue un espectador de lujo.

Uruguay no ganó, quedó el gusto amargo por perder la punta, pero sigue dependiendo de sí mismo. Si el sábado, en la última fecha ante Argentina, consigue una victoria estará consagrándose campeón después de treinta y cuatro años y consiguiendo el segundo objetivo que brinda este Sudamericano: la clasificación a los Juegos Olímpicos. Está a 90 minutos de la gloria.

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